Art. redactado para el Colegio y Liceo San José de la Providencia por Leticia Contreras, durante su formación como Puericultora en el Instituto Uruguayo de Lactancia Materna. 


Como ya sabemos o podemos intuir, el sueño es un componente esencial para el
crecimiento y el desarrollo saludable. La calidad y cantidad de sueño de los niños y niñas juegan un papel fundamental en su bienestar físico, emocional y cognitivo. Desde que somos concebidos nuestros cuerpos experimentan cambios constantes, crecemos, nos desarrollamos, aprendemos cosas, adquirimos nuevas habilidades, mejoramos otras, ganamos peso y altura, etc., y de la misma manera se desarrolla nuestra forma de dormir.

Según la etapa del desarrollo en la que se encuentre un niño o una niña será la forma en la que duerma. Un bebé recién nacido o de pocos meses seguramente se despertará más seguido en busca de alimento y contacto, otro más grandecito se despertará cada tanto para asegurarse que tiene adultos alrededor por si acecha algún peligro, otro se despertará a practicar la nueva habilidad que logró ese día, algunos más grandes se despertarán una vez para pasarse de su cama a la de sus padres y los adolescentes y adultos nos despertaremos para ver la hora, ir a hacer pis o darnos vuelta en la cama y seguir durmiendo.

¿Notaron el factor común? Todos tenemos despertares, pero la cantidad y la capacidad de volver a dormirnos sin ayuda o sin alimento es lo que va cambiando a medida que crecemos, entre otras cosas.

 

Sin embargo, en la era digital actual, la exposición a pantallas electrónicas ha surgido como un desafío que puede afectar negativamente el sueño de los niños, niñas y adolescentes. Varios estudios (1) han demostrado la relación entre la exposición a pantallas antes de acostarse y la disminución de la calidad y cantidad de sueño en los niños y adolescentes. La falta de sueño puede dar lugar a problemas como dificultades en el rendimiento académico, trastornos del comportamiento, problemas de atención y cambios en el estado de ánimo. También puede afectar negativamente el sistema inmunológico y el desarrollo cerebral.

Entonces, ¿cuál es la forma en la que podemos establecer límites en el uso de pantallas para promover un sueño saludable?

  1. Establecer una rutina: Diseñar una rutina de sueño ayudará al cuerpo del niño a
    reconocer cuándo es hora de descansar. Esto incluye establecer horarios (flexibles
    pero regulares) para acostarse y levantarse.
  2. Prepararse para la hora del descanso: A medida que cae la tarde y llega la hora del descanso podemos ir “bajando la pelota”, hacer actividades más tranquilas, bajar las luces, relajar el ambiente, leer un cuento, escuchar música, etc.
  3. Tiempo de “apagón”: Se recomienda evitar la exposición a pantallas al menos una hora antes de acostarse para permitir que el cuerpo se prepare para el sueño.
  4. Crear un ambiente adecuado para el sueño: Mantener el dormitorio oscuro, tranquilo y cómodo contribuirá a un mejor descanso. Es muy importante que en el dormitorio no tengamos aparatos electrónicos e identificar el cuarto como un lugar de relajación y descanso.

¡Ahora sí… a descansar bien para poder soñar en grande!

Art. redactado para el Colegio y Liceo San José de la Providencia por Leticia Contreras, durante su formación como Puericultora en el Instituto Uruguayo de Lactancia Materna.

 

Bibliografía:

Dormir como un bebé (Claudia Lopez Rodriguez)

Curso “Lactancia y sueño” (Carlos Gonzalez, Escuela Bitácoras)

(1) https://bmcpublichealth.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12889-021-11640-9